De qué hablar con un desconocido
El problema casi nunca es que no haya tema. Es que la primera frase que sale es justo la que no lleva a ningún lado. Con un desconocido tienes unos treinta segundos antes de que uno de los dos se aburra — vale la pena no gastarlos en «¿qué haces?».
Por qué «hola, ¿qué haces?» se muere solo
Es la pregunta que sale cuando uno está nervioso, y también la que cierra la conversación más rápido. La respuesta honesta casi siempre es «nada, aquí», y después de eso quedan los dos mirándose.
No es una mala pregunta por grosera: es una pregunta cerrada disfrazada de abierta. Solo admite una respuesta, y esa respuesta no lleva a otra cosa. Lo mismo pasa con «¿cómo estás?» y con «¿qué tal tu día?».
Lo que sí funciona: preguntas que obligan a contar algo
La diferencia entre una pregunta que funciona y una que no es si obliga a contestar o a contar. Contar abre; contestar cierra.
- «¿Qué es lo último que te hizo reír de verdad?» — casi siempre viene con anécdota pegada.
- «¿De dónde eres y qué tiene ese lugar que no tenga ningún otro?» — deja que hable de lo suyo, que es donde todo el mundo se suelta.
- «¿Qué hora es ahí?» — suena tonto y es de las mejores. Con gente al azar te toca de todos lados, y de ahí sale el tema solo.
- «¿Qué estabas haciendo justo antes de entrar aquí?» — la versión útil de «¿qué haces?», porque tiene contexto.
El silencio no es el enemigo
Tres segundos de silencio se sienten eternos y no lo son. La reacción típica es llenarlo con otra pregunta, y ahí es cuando la conversación se convierte en un interrogatorio.
Sirve más comentar algo tuyo sin preguntar nada: «se está poniendo de noche acá». Eso le da al otro un lugar por donde entrar, en vez de una pregunta que responder.
Cuándo dejar de insistir
A veces no fluye y no es culpa de nadie: dos personas al azar no tienen ninguna obligación de encajar. Insistir con la quinta pregunta cuando el otro contesta con monosílabos no lo arregla, solo lo alarga.
Saltar a la siguiente persona no es un fracaso — es exactamente para lo que está el botón. La conversación buena suele notarse en el primer minuto, no en el décimo.
Si escribes en vez de hablar, cambia el ritmo
Por texto todo esto funciona igual, pero con un detalle: los silencios se notan más y las frases largas cansan más. Mensajes cortos, una idea por mensaje, y no dejar tres preguntas seguidas sin responder ninguna.
La ventaja del texto es que puedes pensar la frase. La desventaja es que el otro también, y si los dos piensan demasiado no pasa nada. Escribe como hablarías.